Él caminaba solo esa fría tarde. La cuidad se havía envuelto en un manto blanco, y el viento disuadía a cualquier curioso de salir a la calle, pero eso no le impidió dar su lánguido paseo. No le temía a la nieve, no le temía al frío. Ya no sentía miedo.
Observó la vacía calle, que, teñida de blanco, parecía recién salida de un cuento. Pero él ya no pertenecía a ningún cuento, no era más que un mero observador de los bailarines copos de nieve que revoloteaban a su alrededor, con una alegría que no concordaba con su desconcertante serenidad. Algo en su interior había muerto, y simplemente quería caminar, porque sabía que no podía luchar contra el dolor, así que tenía que aprender a vivir con él a cuestas. Se sentó en uno de los helados blancos y se dedicó a contemplar la mágica danza que la naturaleza le ofrecía, con una sonrisa tallada en la profunda tristeza que contenía en su interior. Ella se había ido, y no iba a volver jamás.
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viernes, 3 de febrero de 2012
viernes, 23 de diciembre de 2011
Relato #1
Las olas rompiendo contra los escollos, la luz corriendo entre tu cabello...
Tu recuerdo me tortura mientras mi corazón llora, perdido en tus ojos, unos ojos que ya no pueden ver… La noche es testigo de mis lágrimas, de mi mente torturada.
Cuando tú estabas aquí, las estrellas nos sonreían y la marea nos acompañaba mientras corríamos entre las olas; nuestros corazones latían al unísono mientras reíamos como idiotas, enamorados como nunca, felices como nunca, niños y adultos a la vez…
Pierdo el rumbo mientras miro el cielo, que, limpio de estrellas, parece llorar conmigo tu pérdida.
¿Cómo puedo seguir, si tú ya no estás conmigo?
Mis pasos inconscientes me llevan a través de la arena hasta el faro, donde pasamos tantos días, tantas noches… La luz vela tu ausencia, y tengo ganas de gritar, de gritarle al mundo cuánto te amé, cuánto te amo y cuánto te amaré.
Puedo ver todos los momentos que hemos pasado juntos, cruzan ante mis ojos, traviesos, sin pedir permiso.
Me siento en el borde de la barandilla, cansada, cansada de llorar, de echarte de menos… Cansada de vivir, de vivir una vida que no puedo compartir conmigo.
Echo los brazos al cielo y le grito a la noche, con una voz perturbada por el dolor:
-¡¡¡¡Sin ti no soy nada!!!!
Tu recuerdo me tortura mientras mi corazón llora, perdido en tus ojos, unos ojos que ya no pueden ver… La noche es testigo de mis lágrimas, de mi mente torturada.
Cuando tú estabas aquí, las estrellas nos sonreían y la marea nos acompañaba mientras corríamos entre las olas; nuestros corazones latían al unísono mientras reíamos como idiotas, enamorados como nunca, felices como nunca, niños y adultos a la vez…
Pierdo el rumbo mientras miro el cielo, que, limpio de estrellas, parece llorar conmigo tu pérdida.
¿Cómo puedo seguir, si tú ya no estás conmigo?
Mis pasos inconscientes me llevan a través de la arena hasta el faro, donde pasamos tantos días, tantas noches… La luz vela tu ausencia, y tengo ganas de gritar, de gritarle al mundo cuánto te amé, cuánto te amo y cuánto te amaré.
Puedo ver todos los momentos que hemos pasado juntos, cruzan ante mis ojos, traviesos, sin pedir permiso.
Me siento en el borde de la barandilla, cansada, cansada de llorar, de echarte de menos… Cansada de vivir, de vivir una vida que no puedo compartir conmigo.
Echo los brazos al cielo y le grito a la noche, con una voz perturbada por el dolor:
-¡¡¡¡Sin ti no soy nada!!!!
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