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martes, 12 de junio de 2012

Relato #5

-Abrázame.
-¿Tienes frío?
-No, estoy bien. Tan sólo abrázame.
Ella escondió la cabeza en su pecho. Se relajó escuchando su corazón, que latía con tristeza. Él se inclinó y la besó en los labios.
-Todo va a ir bien.
Se miraron, ambos temblaban, pero ya estaban a salvo. Aún así, seguían empapados, seguían oyendo los gritos de los que se habían quedado atrás, de los que no habían llegado a tiempo a los botes y se hundían con el barco que, horas antes, habrían jurado indestructible.
¿Cómo iban a seguir sus vidas sabiendo que dejaban a todas esas personas atrás?
-Oiga, debe volver - gritó alguien - Aquí cabe al menos el doble de gente. No podemos dejarles morir.
-Sí, vuelva - le corearon.
-¡Cállese! - le chilló el guarda, y lo agarró de la camisa - ¿Tiene usted algún problema con mi manera de trabajar? ¡Porque si lo tiene, puede saltar al mar y morir con ellos!
Todos guardaron silencio. Ella escondió de nuevo la cabeza en el pecho de su marido y se deshizo en llanto. Eran lágrimas de pena hacia esa gente, sí, pero también de culpabilidad, porque en el fondo de su ser todos se alegraban de no ser esos que se consumían en las aguas del Atlántico junto al inhundible Titanic.

viernes, 3 de febrero de 2012

Relato #3

Él caminaba solo esa fría tarde. La cuidad se havía envuelto en un manto blanco, y el viento disuadía a cualquier curioso de salir a la calle, pero eso no le impidió dar su lánguido paseo. No le temía a la nieve, no le temía al frío. Ya no sentía miedo.
Observó la vacía calle, que, teñida de blanco, parecía recién salida de un cuento. Pero él ya no pertenecía a ningún cuento, no era más que un mero observador de los bailarines copos de nieve que revoloteaban a su alrededor, con una alegría que no concordaba con su desconcertante serenidad. Algo en su interior había muerto, y simplemente quería caminar, porque sabía que no podía luchar contra el dolor, así que tenía que aprender a vivir con él a cuestas. Se sentó en uno de los helados blancos y se dedicó a contemplar la mágica danza que la naturaleza le ofrecía, con una sonrisa tallada en la profunda tristeza que contenía en su interior. Ella se había ido, y no iba a volver jamás.


viernes, 23 de diciembre de 2011

Relato #1


Las olas rompiendo contra los escollos, la luz corriendo entre tu cabello...

Tu recuerdo me tortura mientras mi corazón llora, perdido en tus ojos, unos ojos que ya no pueden ver… La noche es testigo de mis lágrimas, de mi mente torturada.

Cuando tú estabas aquí, las estrellas nos sonreían y la marea nos acompañaba mientras corríamos entre las olas; nuestros corazones latían al unísono mientras reíamos como idiotas, enamorados como nunca, felices como nunca, niños y adultos a la vez…

Pierdo el rumbo mientras miro el cielo, que, limpio de estrellas, parece llorar conmigo tu pérdida.

¿Cómo puedo seguir, si tú ya no estás conmigo?

Mis pasos inconscientes me llevan a través de la arena hasta el faro, donde pasamos tantos días, tantas noches… La luz vela tu ausencia, y tengo ganas de gritar, de gritarle al mundo cuánto te amé, cuánto te amo y cuánto te amaré.

Puedo ver todos los momentos que hemos pasado juntos, cruzan ante mis ojos, traviesos, sin pedir permiso.

Me siento en el borde de la barandilla, cansada, cansada de llorar, de echarte de menos… Cansada de vivir, de vivir una vida que no puedo compartir conmigo.

Echo los brazos al cielo y le grito a la noche, con una voz perturbada por el dolor:

-¡¡¡¡Sin ti no soy nada!!!!